continuación
Llegó el verano y los cinco amigos se aburrían y tenían mucho calor.
Estaban todos medio dormidos, cuando Pepe el gorrioncito, dio un grito y revoloteando por encima de ellos, dijo:
¡vámonos de excursión¡ conozco un sitio precioso, donde hay un río muy grande y mucha fruta.
Cuando Manolo oyó la palabra fruta, los ojos le hicieron chiribitas y se pusó en pie.
¡Si¡ ¡Venga, venga, vamos de excursión¡
¿Está lejos?-preguntó Félix, que era un poquito vago.
¡ No,no¡¡Está aquí muy cerca¡¡vamos deprisa¡chilló Pepe.
Y emprendieron la marcha, Pepe y Anita volando por encima de ellos, Toñín delante, muy contento, Manolo detrás y el ratón un poco más rezagado.
Después de un rato, llegaron al lugar. Los cinco se quedaron con la boca abierta, y Toñín se puso a dar volteretas sobre la hierba, que era muy, muy verde.
Manolo se acercó al río y miró sus aguas, tan transparentes eran que veía a los pececillos nadar muy contentos.
Félix y Toñín se metieron al agua a jugar. Y empezaron a nadar, alejándose de la orilla.
Anita les gritó-¡No os vayais tan lejos, que me da miedo¡
Es una cobardica-se rió Félix, y siguió nadando. Entonces Toñín que era muy travieso, le agarró del rabo y le hundió.
Félix que también era muy miedoso, se asustó mucho, y empezó a tragar mucha agua. Toñín al verle intentó ayudarle, pero Félix movía las patitas y golpeó a Toñín que se quedó sin sentido.
El lobo estaba sentado tranquilamente, y al oir los gritos de la gorrioncita miró hacia el rio, y vio a sus dos amigos en peligro.
De un gran salto, se tiró al agua y empezó a nadar muy rápidamente, en unos minutos llegó donde se encontraba el ratón y cogiéndole fuertemente con sus dientes por el pescuezo, volvió a la orilla.
Cuando dejó al ratoncito, volvió a tirarse otra vez al agua y nadó hacia donde debería estar Toñín, pero al conejito no se le veía por ningúna parte, Manolo cogió aire y se sumergió en el rio.
Buceó durante un buen rato y no vio nada. Salió a la superficiie y volvió a tomar aire.
Entonces vio a Pepe que se acercaba volando y le dijo:
¡Mira por allí¡ ¡ Lo ví hundirse por ahó¡
Manolo hizo lo que el gorrioncito le decía y volvió a bucear. Cuando creía que ya no podía resistir más, un pececito se le acercó y soltando pompitas por la boca, le dijo:
¡Ven corre¡ Tu amigo está aquí.
Manolo nadó detrás del pez, y por fin, vió a Toñín.
Lo cogió como había hecho con el ratón y le sacó del agua.
Más tarde, cuando los dos amigos estaban repuestos, le dieron las gracias a Manolo, y Toñín le dijo:
¡Te prometo que nunca más volveré a gastar esas bromas tan pesadas¡ Félix podía haber muerto. ¡perdóname Félix¡
Te perdono-dijo el ratoncito y se dieron un gran abrazo.
¡y yo te prometo, que nunca, nunca, me alejaré de la orilla del río, si no voy acompañado por alguien que sepa nadar muy bien¡-le dijo Félix.
Esto es muy bonito-dijo Manolo-pero a mi me gusta más nuestro bosque. ¿volvemos a casa?
Y se pusieron en marcha hacia su casa.
Unos meses después estaba Manolo comiendo moras, que era su fruta preferida, cuando olió algo que ya casi había olvidado. Era olor de hombre.
Se volvió y detrás de él encontró a una persona muy extraña. Llevaba una chaqueta muy larga, roja, con adornos brillantes, los pantalones metidos en unas botas altas, y lo más extraño, un gran gorro negro.
Manolo le miró a los ojos y enseguida le gustó. Los ojos del hombre rato eran como los de su amigo, el pastor.
El hombre se acercó despacito a Manolo, y cuando llegó a donde estaba, le acarició detrás de las orejas, cosas que le gustaba mucho al lobro, y le dijo:
¡Hola lobito¡ Eres muy bonito y pareces muy bueno.
Manolo le sonrió, pero el hombre no se dió cuenta, pues no sabía como sonreían los lobos.
-Si yo tuviera un lobo como tu, todos se acercarían a mi circo para verte y no estaría vacio.
El hombre se sentó y pasó un brazo por el cuello de Manolo, y se quedó dormido.
Al lobo le daba pena el hombre, y decidió que debía ayudarle como había hecho el pastor con él.
Se fue silencioso para no despertarle y llegó al lugar donde estaban sus amigos.
¡Escuchad¡ Tengo que irme, pero nunca os olvidaré.
Sus amigos le miraron tristes, y le desearon mucha suerte.
Manolo volvió donde estaba el hombre y de un lametazo le despertó
Le miró a los ojos y el hombre supo que se iriía con él.
Ahora está en el circo, durante el día va y viene por donde quiere. Pero por la tarde se mete en una jaula y espera que los niños vayan a verle.
De vez en cuando echa de menos a sus amigos del bosque, pero es feliz cuando los niños le acarician y le llevan frutas silvestres.
Y colorín, colorado este cuento se ha acabado......
Michelle — 20-07-2005 22:44:11