Cuento "horrible de miedo" Allá tu si lo lees...
-Tenía quince años cuando pasó todo aquello, han pasado otros quince, quince años de mi vida temiendo que sucediera....algo.
-¿Algo, algo....?como que? Sr. Cuellar.
-¡No lo se Doctor¡ ¡eso es lo peor, que no lo se.
-¿por que no empieza por el principio? Tenemos tiempo, Sr. Cuellar.
-Verá, yo soy de ciudad, pero los veranos los pasábamos en el pueblo de mi madre, un pueblito de Castilla, ya sabe, unas cuantas casas, un río pequeño y nada más.
Tenía una panda de amigos, la de todos los años. Eramos cinco o seis, pero mi gran amigo era Tomás, un muchacho de mi edad que trabajaba en las tierras de su padre y en cuanto tenía un momento libre se reunía con nosotros en las cuevas.
-¿que cuevas, Sr. Cuellar?
-Unas cuevas que había cerca del pueblo, se contaban historias de la guerra, sucesos que habían ocurrido allí. En realidad poco tienen que ver en todo el asunto.
Un día, a mediados de Agosto, estábamos en la plaza del pueblo cuando vimos llegar a un chico y una chica. Eran forasteros, nadie los conocía. Se acercaron a nosotros y nos saludaron.
Nos dijeron que eran de la capital, y que sus padres habían alquilado una casa cerca del pueblo. El chico era el mayor, su nombre era Jorge, tenía nuestra edad y era muy hablador. Lo contrario de su hermana, Catalina, que tenía catorce años pero que estaba completamente desarrollada. Su cuerpo era el de una mujer, no así su mente pues era un poco retrasada.
Nos hicimos amigos, venían con nosotros a todos lados, hacían las mismas burradas que nosotros, y eran como perritos que no se separaban de Tomás y de mi.
Yo noté algo raro en Tomás, casi no hablaba y su mirada era hosca. Sobre todo cuando Jorge le hacía alguna carantoña a su hermana.
Un día, que estábamos sólos, Tomás me miró y me dijo:
-Toño, ¡prométeme una cosa¡.
-¿Qué?, jo tio, no pongas esa cara, ¡vamos dímelo¡-
-Toño, tienes que hacer que Jorge no se de cuenta que me voy con Cata.
-¿para que te vas a ir con Cata?
-Tengo que hablar con ella de cosas....
¿Qué cosas?
-¡Eso a tí no te importa¡-me dijo, y su cara se transformó en un momento. Había rabia y odio en su voz y su mirada. Se dió cuenta de mi
miedo y volvió a su estado de siempre.
-¡venga hombre,, ya te lo contaré¡somos amigos ¿no?
-Afirmé con un movimiento de cabeza y sonreí tímidamente.
Nos quedamos callados sin mirarnos y después casi en un susurro le pregunté.
-¿Tiene que ser hoy?
-No, hoy no, mañana cuando vayamos a las cuevas. Ponte a hablar con él, rétale a cualquier cosa- Su mirada tenía un brillo raro, feroz- ¡a un pulso, le encanta echar pulsos¡ ¿vale Toño?
-Vale....-le contesté no muy convencido.
Al día siguiente por la tarde, nos encontramos en la plaza. No estábamos todos, solo Tomás, Cata, Jorge, yo y Arturo.
Cuando llegamos a las cuevas estaba anocheciendo, teníamos unas cuantas velas y las encendimos. Arturo sacó una baraja y nos pusimos a jugar, él. Jorge y yo. Tomás y CAta estaban hablando en una de las esquinas frente a mi.
Miré hacía donde estaban y Tomás me hizo una seña, yo empezé a meterme con Jorge.
-¡Chaval, a ver si aprendes a jugar, que estoy harto de jugar con novatos¡.
Jorge me miró sorprendido, yo no era normalmente muy hablador y mucho menos de los líderes del grupo.
-¿que he hecho?-preguntó sonriéndome-he jugado bien.
-¡Bien¡ ¡Tu no haces nada bien, por no hacer, ni los pulsos-Al decir ésto miré hacia Tomás y vi la esquina vacía. Me atraganté,....
-¡Yo a tí te gano a pulso, con una mano atada¡-me decía Jorge alterado, ya que era de los que se picaban enseguida.
-¡vamos a verlo-grité yo. Estaba seguro de poder aguantarlo, incluso de ganarle pues Jorge no era muy fuerte.
Lo cierto es que me ganó, no se si porque se le metió en la cabeza o porque yo estaba más pendiente de la entrada de la cueva que de la fuerza que ponía en el reto.
Cuando mi brazo cayó Jorge se levantó de un salto y gritó-¡Te gané, te gané¡ ¡Cata, le he ganado¡-Entonces se dió cuenta y yo me quedé blanco.
-¿dónde está mi hermana?¿y Tomás ?¡idiotas, os lo estoy preguntando a vosotros¡
Arturo era la imagen misma de la sorpresa y yo, bueno, yo era el pánico personificado.
Jorge se dió cuenta y me agarró de la camisa-¡oye desgraciado¡ ¿donde está mi hermana? ¡lo sabes...eh...dí lo sabes¡
-Salió con Tomás- le confesé y me levanté del suelo.
-¡Ven conmigo, os voy a matar a los dos, ati y a ese.....¡-La carga de Jorge estaba contraida de rabia, y la mía de miedo. Yo sabía que Tomás llevaba siempre una navaja y que nunca había consentido que le gritaran y mucho menos que nadie le tocara.
Jorge me llevaba delante y yo me iba arañando con todas las ramas bajas de los árboles. Anduvimos una media hora, Jorge empujándome y yo rabiando contra Tomás, contra Cata, contra Jorge, y hasta con el pobre ARturo que se había quedado en la cueva tan asustado como yo,
De pronto oimos unos susurros muy cerca de donde estábamos, provenían de un pequeño claro a unos pasos de nosotros. Jorge me volvió a empujar y atravesé las pocas ramas que había.
Caí al suelo y al levantar la vista, vi a Tomás y debajo de él, las piernas de Cata. Inmediatamente miré hacia atrás. Jorge estaba contraido de rabia y avanzó hacia Tomás. Al oir los pasos Tomás se volvió y nos volvió. lo que hizo en ese momento fue lo que más motivo a Jorge en su venganza.
Le miró y sonriendo le dijo-Para ti, el resto para ti-Jorge se abalanzó sobre él y Tomás sacó la navaja.
De donde le venía la fuerza a Jorge, es algo que tengo muy claro, de su odio hacia Tomás. Le agarró la mano y empezó a apretar hasta que Tomás soltó la navaja.
Entonces le tiró al suelo y con una piedra le golpeó en la cabeza. Tomás quedó sin sentido.
Jorge tenía una mirada asesina, la boca desencajada, los ojos inyectados en sangre. Me miró y sonriéndome con una sonrisa horrible, me dijo:
-Cuando acabe con él, empezaré contigo.
No pude mirar, me fue imposible mirar y mucho menos moverme de donde estaba. Jorge cogió unas ramas blandas y ató a Tomás, cuando terminó con él, se acercó a mi y me ató también, tan fuerte, que las muñecas empezaron a sangrarme.
Después se acercó a Catalina, que sentada en una piedra nos miraba sin decir palabra. Tenía la cara arañada y llena de moratones.
Su hermano la abrazó y besó-Tranquila Cata cariñó, pronto iremos a casa..¿tienes hambre¿ no te preocupes, enseguida se te pasará.
Volvió hacia Tomás y recogió la navaja del suelo, Tomás se había despertado y miraba con odio a Jorge.
-¿has disfrutado¿-dijo Jorge sonriendo- Ahora voy a disfrutar yo, y Cata también.
Pasó la navaja por la cara de Tomás, apretando suavemente y de la mejilla brotó un hilo de sangre.
-¡No me vas a asustar, imbecil¡ Puedes asustar a ese idiota de Toño, pero a mi no. ¡Suéltame¡ y mejor será que no digais nada de ésto, porque si no yo sí que me voy a divertir con vosotros.
Jorge se acercó aún más y entonces empezaron los gritos. Me desmayé de pánico y cuando desperté un silencio mortal era lo que quedaba.
Miré a mi alrededor y los ví a los tres, a Tomás desangrándose, le quedaba muy poco de vida, y a ellos, a los dos.... estaban comiendo.....comiéndose a Tomás.
Jorge me miró y rió- Ahora vas tu, igual que Tomás, poco a poco por que la navaja no es muy grande. Hacía mucho que no comiamos así, mi padre no podía encontrar a nadie, es muy dificil conseguir un plato así.
Se acercaba despacio y yo estaba a punto de desmayarme otra vez, cosa que hice cuando me cortó el meñique de la mano derecha.
Lo demás me lo contaron después. Cuando se disponí a cortarme otro dedo, apareció Arturo con un montón de hombres del pueblo que había ido a buscar cuando se repuso del susto.
Cercaron a Jorge entre todos, pero no pudieron cojerle. Arturo me contó que no era él, que parecía haber crecido medio metro y que su cara había cambiado completamente, era como la de un animal acorralado. Empujó y golpeó a los hombres que le hacían frente y salió corriendo. No pudieron alcanzarlo.
Cuando me repuse del todo, ya en la ciudad, mis padres me contaron que los padres de Jorge habían desparecido cuando fueron a buscarlos, y que a Catalina la ingresaron en un psiquiátrico. Murió tres años después de ésto.
-¿ y que es lo que le da miedo Sr. Cuellar?
-Tengo miedo de que vuelva, me lo dijo... poco a poco.. y siempre cumplía sus promesas.... y además en mi casa, en el sexto, hay una chica que tiene un perro, y siempre que me la encuentro me sonríe....No, no, ella no....el perro.
Lety — 27-06-2005 04:42:29